La casa de mi abuelo
tiene la puerta acolchada
con un doble marco de tachuelas
y dragones chinos
azules
en la entrada.
La entrada de la casa de mi abuelo
tiene un colgador
atestado de abrigos
y a sus pies
está el suelo
atestado
de abrigos.
También, en Navidad,
hay un nacimiento
con los ríos espejados
en el interior de un mueble
que nunca he sabido lo que guarda
el resto del año.
La casa de mi abuelo
tiene un pasillo largo
por el que no podemos correr
porque los vecinos de debajo
de la casa de mi abuelo
están enfermos
y siempre lo han estado
y siempre lo estarán
y no se puede correr.
Al final del pasillo
hay una habitación con un reloj
que canta como un gallo,
y otra habitación
con un saxofón y un teléfono
al que llaman los extraterrestres,
y un cuarto de baño,
el único de la casa de mi abuelo,
con un espejo
en el que alguna de mis tías
ha pintado con el color de sus labios
un mensaje que no sé leer
y unas gaviotas rojas.
A lo largo del pasillo de la casa de mi abuelo
hay varias habitaciones,
de mis tíos,
de mis tías,
y la cocina con la despensa,
y la habitación de mi abuelo
con la foto de su madre,
con la foto de mi abuela a la que a penas conocí,
y hay libros que no entiendo
de vencedores de guerras,
y hay caramelos,
caramelos de colores
y caramelos de menta.
El salón de la casa de mi abuelo
tiene una puerta doble
con el apellido de mi abuelo en una hoja,
con el apellido de mi abuela en la otra,
y una tortuga dorada que un día fue un timbre
y un botón que cuelga de la lámpara
que toco aupado por mi padre,
que toca mi primo aupado por mi padre,
que tocamos todos y todos creemos
que alguien ha tocado el portero automático
y que es otro tío,
otra tía,
otro primo,
otra prima,
que quiere subir,
pero sólo soy yo
aupado por mi padre.
La mesa del salón de la casa de mi abuelo
descansa recogida
pero en los días de fiesta
se extiende y acoge
a ocho hijos,
a tres mil nietos,
y soporta las trufas y
el vino y
el champán y
la cerveza
y soporta, aunque no lo creas,
las bilbaínadas.
Al alcalde de mi pueblo,
a los pintores de Vitoria,
a se llama Lavín por parte de padre,
a toda Vizcaya entera,
con la txapela en la mano.
La casa de mi abuelo
tiene un abuelo
que no es solo mío
y que ya no es,
que dejando de ser
se ha llevado
el sentido de la casa de mi abuelo,
y los vecinos enfermos,
y el timbre que no es un timbre,
y el no saltéis en el sofá,
y el suelo atestado de abrigos,
y la mesa de masaje,
y los disfraces,
y el mantel rojo,
y las habitaciones de mis tías
y el color de sus labios del espejo del baño
y la existencia, para mí,
del Bilbao de más allá de Avenida del Ferrocarril.La ausencia de mi abuelo
es.A Tomás Sáez de Ocáriz Mendiola
(Hace mucho tiempo – 15 de enero de 2012)
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Como una madre
que doliente empuja
su hijo muerto al mundo,
así me siento.
Como la madre,
que sufre por la nada,
como el hijo,
a los soles negada.
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En el cielo de la boca
se llevan el cuerpo
en forma de pan,
expían las culpas, al comulgar
En el cielo de la boca
sin masticar,
mentiras y purgas, rezar y rezar
El cielo de la boca
lo unico celestial
pues mañana todos seremos
carne de lodazal.
Unos versos para comenzar el año
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Canto a tus patas regias
a tu frente de luna
morador de mis prados,
crines de espuma
Amistad de centauro,
no me cabe duda:
tocaré el horizonte
montada en tu cuna
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Sabed que entra en juego uno de los personajes mas ñoños. Al principio os parecerá extraño leer textos dignos de un anuncio de ikea, pero què pasa? Bienvenido sea el aire fresco! Adelante pues, poneros las bufandas!
Asi pues, con éste texto me presento.
Sabed que mi fuerte no es le poesía en castellano,
pero me la suda el ano. Feliz año!
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Viscosa bañera de monstruos
palangana revertida,
las ideas van cayendo
como brea mortecina,
cascada cruel fecunda
nacida en la coronilla
desparramas las materias
ora noche, ora día.
Si esta substancia del mal
al secarse fuese salina
dormiría los días de perro
en una jaula submarina.
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Malditos los poetas que monopolizan los amores y los amantes,
que riman palabras edulcoradas y aparecen como sabedores de lo verdaderamente bello, de lo que debería ser y terriblemente acaba siendo.
Les pido que vivan sin pensar qué quedará bonito, que pidan la mano de sus queridas junto a lugares hediondos, tropezando;
que declaren su amor un domingo con el pijama roido y las manos saladas de palomitas, que lo hagan en pleno ataque de tos, desde el retrete, mientras se quitan espinillas de la espalda “te quiero”…
con la boca llena de pasta dental o en plena gárgara “te quiero”
¿Acaso no se atreven? Esperen, esperen sentados a que pase una estrella fugaz, a que el cielo se tiña de rojo y un violinista entone “strangers in the night”, esperen… y tendrán su momento de gloria, con su bonito decorado y su amor idiotizado.
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Vocales del cielo,
malvenidos a la tierra
difusores de la voz
que nació en la miseria
Ni madera, ni harapo
traéis en la boca,
de “a medida” diseñada
habeis sido una tropa
Bienvenidos al teatro
de rosarillos y rezos
abriendo telón van las monjas
tras los curillas obesos.
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Chocolateado colirio,
si el mundo acaba mañana
que nos arrastre el delirio.
Aireemos esa cana.
Para Albricias y Carlota
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Cientocuarenta.
Jíbaro del discurso.
#HaikuEnTwitter.
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